Nos gusta el aroma de brasas

Desde tiempos ancestrales al ser humano le ha interesado el fuego y más aun el asado al fuego. 

A todos nos encanta ese humillo que va saliendo arrastrando el aroma de un buen pescado o un buen chuletón  cuando lo cocinamos a fuego de brasas.

La lumbre, es parte de nuestra vida. Todo el mundo a estado junto a un fuego conversando o viendo como se cocinaba algo directamente sobre él, junto a él o a traves de un caldero u otro utensilio.

Por más que persigamos el encontrar un sabor igual, ninguno nos reconfortará tanto como el sabor de una pieza pasada por las brasas. 

Despertemos ese lado primitivo que todos llevamos encima. Démonos el gustazo.

El sabor del recuerdo

Cassola de embotit, ous, pimentons i pernil

» Como las paellas de mi madre ninguna»  o » Como aquel pescado que nos comimos cuando estabamos de vacaciones en  Càdiz, ninguno» .

Estas son unas de las afirmaciones que más usamos cuando probamos un plato y buscamos en nuestro disco duro ese sabor con el que comparar. Pero ¿ y la situación en la que estabamos cuando probamos y descubrimos por primera vez ese sabor?, ¿y el ambiente familiar o entre amigos que nos encontrabamos?.

Por abrir un hilo de opinión respecto a la comida que ingerimos y degustamos por los diversos restaurantes del mundo, lo que si existe es una afirmación rotunda. En ningún lugar salvo en el que se dió en ese preciso instante en el que adquirimos ese sabor, porque el sabor se aprende y se guarda en nuestro disco duro almacenado y esperando a ser redescubierto nuevamente cuando volvemos a probar otro sabor semejante y/o incluso mejor hecho que aquel que recordamos o peor , que también se da. 

Con todo esto lo que quiero expresar en este post, es la unión del sabor con el recuerdo. No sabría la misma paella de igual manera estando de vacaciones relajado con nuestra familia y con unos decorativos recuerdos de cuando las cosas no eran tan complicadas para nosotros o no teníamos tantas responsabilidades y nos pasabamos una comida de risas y de alegría con nuestra familia o con nuestros amigos, que tomarse la misma paella con el estres del trabajo comiendo a toda máquina para volver a trabajar o a por los niños o al gimnasio, sin distensión alguna.

A esto me refiero cuando hablo del sabor del recuerdo.  A lo que trae a nuestra mente ese sabor, a la calidez de una madre o al estar disfrutando con unos amigos. 

Evidentemente probaremos muchos de esos platos en nuestra vida, posiblemente mejor ejecutados que el de nuestro recuerdo, con más técnica o con menos, pero nunca nos devolverá por más que queramos a aquel momento tan idílico en el que descubrimos ese sabor del recuerdo

 

El producto.

Nuestra forma de aportar valor a los servicios es siempre la puesta en alza del producto. Hemos hecho una apuesta firme en lo referente a la calidad del mismo. 

Carnes, pescados, arroces, guisos,… todo pasa por ser empleado en la mejor de sus vertientes gustativas y organolépticas.

Sabor, placer, nostalgia, retraccion temporal son algunos de los adjetivos que califican a nuestros  platos

El trato personal y directo con nuestros clientes es primordial. La expresión «ir en pantunflas » es nuestro propósito, por eso al entrar en nuestro restaurante lo primero que uno percibe es el olor a leña, hogareño, nos acoje nada más entrar y nos hace que nos sintamos como en casa, al lado del fuego. A gusto y relajado.  esa es nuestra tranquilidad y asi es como queremos que se sientan nuestros clientes.

Parrilla y fuego. Nuestras armas.

 

Asi se hizo el Restaurante El Vermut

Esta ha sido nuestra historia de creación del espacio. Un largo recorrido, con sus penas y sus alegrias. Con pasión y con mucho esfuerzo. Con ganas de tirar la toalla y con ganas de tocar el cielo. Con amor y corage. Con lo más grande que uno tiene en la vida. La familia y los amigos. Gracias a todos por todo y por nada. Este hito ha marcado muchisimo nuestras vidas y siempre recordaremos que lo único que nos hizo llegar hasta el final fue la humildad.